miércoles, 7 de agosto de 2013

Aedan, el jinete sombrio I (relato propio)



Me llamo Aedan y soy el jinete oscuro. Mi relato comienza así.
Milenios antes de que tu época comenzara, el planeta tierra como lo conocéis ,en la antigüedad se llamaba Galatea, un mundo repleto de oscuros recovecos en los que moran bestias y horrores que ni la mente mas depravada de tu época podría llegar a concebir. Pero no hay oscuridad sin luz por lo tanto en esa tierra conocida como Galatea existían los reinos de los hombres quienes gracias a su incesante fe en su raza consiguieron abrirse paso y reclamar un puesto en el panteón de los dioses de aquella tierra.

Nací en las altas y frías montañas de los Yermos gélidos, unas montañas que por su altura rasgaban las imponentes nubes y se perdían en la vista, cubierta durante toda la temporada por una nieve tan blanca que se fundía con las nubes, en aquellas nubes no Vivían muchos animales debido a sus extremas condiciones.
 A sus pies estaba el reino de normijem. El reino de mi padre, mi padre era un ser despreciable llamado Normy, acosado por la deudas  y la sublevación de su pueblo en un arrebato de ira y desesperación mando a sus soldados que arrestaran a la aldeana mas bella de la comarca y así hicieron, en esa noche se engendro un fruto a base de odio e ira que pronto nacería. Mi padre al ver que aquella mujer estaba embarazada decidió quedarse con el niño pero matar a la mujer pues no le serviría para nada mas.

 A la temprana edad de 3 años, mi padre empezó mi adiestramiento en las artes del combate, sutileza, política y reinado. Su dura mano azotaba cada dos por tres mi cara que de tanto sufrir se había vuelto ruda y áspera. Yo seguía sus enseñanzas con las esperanza de que algún día todos esos conocimientos ganados con sudor, sangre y lagrimas se revelaran contra el y acabara muriendo, yo siendo el soberano de normijem. 
A los diez años conocí a la  hija de una de las criadas de el castillo. Llamada Eleanor, su belleza era tal que deslumbraba en un conjunto de estrellas, flores y todo lo precioso que tu mente pueda imaginar. Al yo ser muy callado al principio no me atrevía a hablar con ella por eso y por temor a que mi padre lo descubriera y la castigara por familiarizarse con alguien de la corte, pero poco a poco fui cogiendo confianza con ella y nos veíamos a escondidas, jugábamos y hablábamos durante interminables horas que yo esperaba no acabaran nunca. Al cumplir 18 años termine mi adiestramiento y mi padre me felicito pues aun siendo un hijo bastardo estaba feliz de que su progenie aparentemente pensara como el y que seria un buen soberano para aquella cuidad, que la sumiría en el miedo y la desesperación. Pero en lo mas hondo de su ser era consciente de que yo no era así, una maquina de matar sin sentimientos ni miramientos, pero no pensaba en ello pues el confiaba en que podría enderezarme y usarme a su provecho.

 La madre de Eleanor murió de una terrible enfermedad respiratoria desde entonces nuestras visitas a escondidas eran mas frecuentes y de la amistad nació un amor inconcebible entre una aldeana y un ``príncipe si es que así se le podía llamar a mi cautiverio contra mi voluntad. Temía de que mi padre descubriera nuestro amor y que usara a Eleanor en mi contra para ahora si poder controlarme con total libertad , pues mi amor era más poderoso que todas las cadenas con las que mi padre me atara y hostigara mi cuerpo pues el amor no sufre con la heridas carnales. Así conseguía sobrevivir. Con veinte años mi padre nos descubrió besándonos en un almacén del castillo. Colérico y rabioso se abalanzo sobre mi, me aparto y ensarto a Eleanor. Miraba con incredulidad aquella escena que esperaba fuera fruto de mi imaginación, pero no era, totalmente real. Aferre mi espada y cargue contra mi padre, la lucha fue encarnizada pero mi padre tenia la ventaja de tantos años luchando y una constitución creada para tal fin, en un descuido conseguí cortarle la mano a aquella bestia y corrí, corrí todo lo que pude mientras oía a mi padre gritar enfurecido -¡corre bastardo y no vuelvas pues si vuelves usare tu cabeza como centro de mesa!-. mientras corría por el exiguo patio de el castillo divise la cuadra en la que estaba mi querido caballo hendell, un corcel negro como el azabache y fuerte como cien soldados, aferre sus riendas y monte hasta el anochecer jurando que algún día desataría toda esa furia contenida sobre mi padre...

No hay comentarios:

Publicar un comentario